miércoles, 14 de abril de 2010
Aterrizaje en Nevsehir
martes, 13 de abril de 2010
Un viaje de excepción
viernes, 9 de abril de 2010
El final del viaje
miércoles, 7 de abril de 2010
Un encuentro con la policía de autopistas
martes, 6 de abril de 2010
Desde Slavonice a Trebic
Salimos de Telc por carretera hacia Slavonice. De camino, recorriendo una zona rural, pasamos por varios campos donde se cultiva la amapola. Queremos dejar constancia de ello con una foto porque ya en varias ocasiones, cuando hemos explicado que en Alemania, república checa, Eslovaquia y otros países de la Europa Central se utilizan sus semillas en grandes cantidades para diversas preparaciones culinarias, pasteles y panes, algunas personas nos han mirado incrédulos sin entender que eso se coma. La primera vez que la probamos en una especie de brazo de gitano, relleno con pasta dulce de esas semillas pensamos que era una especie de chocolate o cacao.
Slavonice tiene un casco antiguo muy interesante, todavía se puede entrar al mismo según sus dos puertas principales gótico-renacentistas. Desde la situada al Oeste, pasando bajo sus arcos entramos en la plaza Dolní námestí, un inmenso espacio triangular que se abre hacia una manzana con forma redonda, en cuyo interior se alza la iglesia de la Asunción. Puede que como resultado de quedar inicialmente dento de un perímetro menor también fortificado.
La ciudad se fundó en el siglo XIII, con el nombre de Zlabings, cuando formaba parte de un itinerario de unión con Viena, su posición estratégica cerca de la frontera austríaca convirtió a esta población en un recinto sumamente cerrado durante los tiempos del telón de acero, pero, como podemos comprobar ahora, esa misma posición hace que goze de una renovada afluencia turística. Hemos coincidido con una marcha cicloturista de ese país vecino.
Todo el conjunto edificado de Slavonice es de gran belleza y muy uniforme, destaca su patrimonio de casas góticas y renacentistas, con fachadas profusamente decoradas mediante la técnica del esgrafiado, sobre todo en la gran plaza triangular y en la que se encuentra tras esta, una vez pasada la iglesia, en este caso de forma rectangular alargada, una especie de calle ancha (Horní námestí).
Como siempre, el color de las fachadas, los hastiales, la uniformidad de altura de las casas y la conservación del patrimonio histórico (sin duda favorecido por el aislamiento de la zona durante el período comunista) ajeno a desarrollos modernos, configuran un conjunto de gran valor.
Después de haber comido algo tarde en una de las terrazas que se extienden por la plaza de uno de los restaurantes locales, salimos de regreso a nuestro emplazamiento en Trebic para visitar la ciudad al atardecer, antes de retirarnos.
Llegamos a Trebic y aparcamos en una plaza justo al borde del casco antiguo. Huelga ya decir que ver estas ciudades a media tarde es encontrarlas ya casi dormidas, tenemos la ventaja de que el ticket del aparcamiento a esta hora y con el gasto mínimo ya nos incluye hasta la mañana del día siguiente.
La ciudad antigua está bastante desfigurada por la irrupción sin complejos de lo moderno. Aunque se ha mantenido la escala de la edificación, lo nuevo afea a lo antiguo que se ha conservado. El centro está en una hondonada, al borde del río Jihlava y ha crecido mucho con urbanizaciones entre el verde. La plaza principal, la Karlovo námestí, se extiende alargada siguiendo una manzana de cierre que bordea el río, a ella asoma la torre la iglesia de Sv. Prokop y conserva alguna casa con la fachada decorada con esgrafiado.
El mayor atractivo de Trebic está al otro lado del Jihlava, en esa orilla, ascendiendo por la colina, se ha conservado aislado el ghetto judío, que ahora ha sido rehabilitado profundamente, mereciendo la declaración de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco. La visita a la colina de Hrádek es un poco exigente, por lo empinado del terreno. Los rincones más pintorescos del barrio judío se encuentran en las callejuelas que evitan el itinerario principal y, en la parte más alta, entre árboles, se llega al cementerio (Zidovský hrbitov) que es una especie de parque romántico en el que se encabalgan unas lápidas sobre otras, algunas de épocas remotas, y se adivina la ciudad y el río allá abajo a lo lejos.
jueves, 27 de agosto de 2009
Visitando Trebic, Slavonice y Telc
Abandonamos Bratislava bastante temprano y conducimos por autopista en dirección a Brno, hemos vuelto a entrar en la República Checa y de nuevo, el mismo atasco en las cercanías de esa ciudad, justo antes de la circunvalación tomamos la autopista hacia Praga y poco después de hacerlo, la abandonamos para seguir por carretera hasta Trebic, en la zona sur de Moravia, donde hacemos etapa en un bungalow del cámping situado a las afueras de la ciudad, en medio de un bosquecillo, hemos visto una furgoneta Wolskvagen con placa española al llegar. Cuando me acerco a los baños escucho a una chica que grita: "¡Cuidado, que va a entrar alguien!".
No sé si ya he explicado que en estos países se conservan todavía muchos hábitos de la época comunista, como el de saludar a todo camarada con el que uno se cruza o ducharse en estrecha convivencia con el resto de las personas de tu mismo sexo, como en el ejército o un gimnasio deportivo, por eso en los baños, salvo los retretes, se carece de intimidad, algo a lo que no siempre se acostumbran los visitantes de otras nacionalidades, de ahí que, mientras su marido se duchaba, la mujer estuviese montando guardia. Pronto entablamos conversación con esta simpática familia navarra, sobre todo por eso de ser casi los únicos españoles que nos hemos encontrado fuera de Praga o Bratislava. Al decirles que somos gallegos, enseguida comentan lo que ya nuestra hija nos ha avanzado por teléfono, nuestro territorio arde este año por los cuatro costados sin que nadie sepa muy bien la causa pero seguro que no se debe a ningún tipo de influencia astral sobre los pirómanos. Curiosamente, después de tanto hablar de catástrofes naturales (o quizá artificiales) se levantó un fuerte temporal de viento y una enorme rama de uno de los árboles se partió de cuajo, asustando de muerte a este hombre, que corrió a alejar a su hija de debajo de la fronda.
Tras organizar todo en el interior de nuestra cabaña y vaciar el maletero, salimos hacia Telc (y aquí, otra vez, sin la grafía correcta los topónimos no han de sonar igual que en su lengua de origen). Es una pequeña ciudad que sorprende por su belleza tanto como por la unidad arquitectónica de su núcleo antiguo, revelando la importancia que debió tener en su día.
Para su defensa y protección, a modo de fosos, se abrieron unos grandes estanques que, además, abastecían de pescado a los moradores, por lo que el conjunto urbano se enmarca ahora en medio de un espacio naturalizado en el que siempre predominan las láminas de agua. Tras un gran incendio (curiosamente otra vez el fuego en estos días) devastó la ciudad allá a mediados del siglo XVI, el gobernador de Moravia llamó a afamados arquitectos italianos para reconstruir con gusto el castillo, pero su trabajo acabó abarcando una amplia remodelación de los principales frentes urbanos, dando a la localidad una uniformidad y calidad artística que le han hecho acceder a la declaración de Patrimonio de la Humanidad.
Telc es la suma de un castillo medieval, remodelado y convertido en residencia real, y una plaza, un inmenso espacio público que se abre en triángulo desde el vértice que ocupa el castillo. Las fachadas porticadas son casi todas espléndidas, muchas de ellas decoradas con auténticas filigranas de esgrafiado, técnica de revestimiento en la que se raspa una capa de cobertura todavía fresca para revelar el dibujo de otra que queda por debajo y que contrasta en color (blanco contra gris oscuro). Otras tienen ese carácter barroco centroeuropeo, donde las tonalidades alegres del color se resaltan mediante molduras y ornamentos que enmarcan los huecos.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Bratislava, una capital junto al Danubio


La ciudad decimonónica y los suntuosos edificios civiles modernistas o de estilo ecléctico predominan por toda esta zona de borde edificada tras la demolición de las murallas. El extremo de poniente del casco antiguo está dominado por el castillo (Bratislavský hrad), al pie del cual se extendía un pequeño barrio que fue cortado por el tajo de la circunvalación que conduce el tráfico de la autopista hacia el puente dedicado al movimiento nacional eslovaco de liberación (Most SNP), con su torre rematada por un restaurante panorámico, una obra siempre criticada pero realizada con el optimismo característico del régimen comunista, es decir, tenemos un problema, busquemos la solución racional al mismo (y eso significaba que la historia se hacía en el día a día y los monumentos del pasado tenían el mismo valor que la fuerza del progreso) de cualquier modo, algún día, pasada la purga del rechazo a todo lo que supuso tanto sufrimiento, se valorarán las cosas en su justa medida y se comprobará que, con unas acciones correctoras añadidas, el desastre urbanístico tampoco ha sido tan grande como se nos quiere hacer ver.
Lo que si se enseña ahora, como atracción turística también, es la arquitectura residencial de la Bratislava comunista, esa gran urbanización de superbloques del otro lado del Danubio, no sé si con orgullo o solo por hacer caja con las excursiones, pero el hecho es que esos edificios sembrados en un gran tapiz verde, salvando las deficiencias de habitabilidad, podrían ser el sueño no cumplido de la ciudad moderna y, junto a ellos, pugnan ya por situarse las grandes superficies comerciales de rango multinacional. Si algún signo monumental ha dejado el antiguo régimen, ese es tanto la vivienda masiva como el inmenso monolito dedicado a los soldados del Ejército Rojo que murieron luchando contra los nazis que se alza en la colina Slavín y que domina la silueta de la capital desde casi cualquier punto de vista posible. Y en ambos casos, la naturaleza los envuelve, quizá sin querer o quizá para hacerlos destacar, en cualquier caso, una fortuna para quien allí vive.

