Después vino la parada en el valle de Devrent, otro de esos lugares fotogénicos donde la erosión ha dado forma a la toba volcánica según caprichosas figuras.
jueves, 24 de junio de 2010
Otro valle: Devrent
Después vino la parada en el valle de Devrent, otro de esos lugares fotogénicos donde la erosión ha dado forma a la toba volcánica según caprichosas figuras.
miércoles, 16 de junio de 2010
Un paseo por el valle
Una de las ventajas de estas excursiones organizadas es que dejan tras cada visita un tiempo libre, evidentemente para hacer gasto en las tiendas de recuerdos, equivalente casi al invertido en el recorrido guiado por la respectiva atracción turística.Es difícil imaginarse el carácter que debió haber tenido esta geología habitada por el culto de una religión que conservaba la pureza de sus inicios, el secreto de lo prohibido, las claves de lo iniciático, la personalidad de la interpretación de las enseñanzas del Maestro por sus primeros discípulos, amparada por el paisaje de lo inhabitado, de la inmensidad de una tierra de nómadas, en un lugar mágico que debía invitar a esta especie de reclusión interior que aquí se percibe por todas partes.
martes, 25 de mayo de 2010
Paisaje y patrimonio de Anatolia
Aquí se reune un vasto conjunto de iglesias y pequeños monasterios excavados en la roca, testimonio de las primeras comunidades cristianas en su avance desde Israel hacia Europa, el valle constituyó un refugio durante la épocas de enfrentamiento con los árabes y alberga centenares de construcciones religiosas de carácter troglodítico, de las que muchas están todavía sin abrir al público.


La decoración enigmática y llena de símbolos ingenuos, en tonos rojos, comparte lugar con las elaboradas representaciones posteriores a la época iconoclasta, los refectorios de los monasterios son un simple hueco excavado con una roca tallada en el centro a modo de mesa comunal, nunca para más de unos veinte miembros.Al margen de la denominada Iglesia Oscura, para cuya visita se paga una entrada adicional y en la cual ya había cola para entrar en esta época del año, plena temporada baja, recomendaremos la visita de la Tokali Kilise (Iglesia de la Hebilla) situada fuera del recinto y al otro lado del aparcamiento, a la que se accede de forma gratuita, está calefactada, muy bien iluminada y tiene frescos de características similares a la anterior, sin el agobio de las colas y sin pagar entrada. Consta de dos templos superpuestos, de distintos períodos, excavados uno sobre el otro.
jueves, 20 de mayo de 2010
La noche folclórica
La representación, en una sala acondicionada al interior de una edificación troglodítica, se acompaña con todo tipo de bebidas, incluido el rakj, ese anís fuerte que se puede tomar diluido en agua, un alcohol que parece ser consumido por todos los turcos, una especie de bula aquí respecto a la prohibición religiosa. Se escenifican bailes tradicionales de distintas regiones del país, la danza de los derviches y, por supuesto, la del vientre, así como un baile al exterior iluminado y coreografiado con fuego, amenizados por el sonido, en vivo, del clarinete y el davul, imprescindible como acompañamiento de percusión.
Yo me he quedado en el hotel, anotando algunas cosas del viaje y viendo la tele, en la que descubrí una especie de programa tipo "los 40 principales" en el que se pasan vídeos de poptürk, esa increíble mezcla de sonidos árabes y pop-rock que, con sus diferencias de calidad según los artistas, resulta siempre sorprendente y refleja un poco esa pugna constante entre la tradición a conservar y la fusión de culturas. Tendré la suerte también, a la noche siguiente, de sintonizar un programa especial dedicado a un artista llamado Erkin Koray, al que rinden tributo otros músicos, donde van repasando su trayectoria de esa especie de rock mestizo, salpicada con imágenes de sus distintas épocas, que van cambiando desde un look a lo Elvis hasta la melena del período heavy o el aspecto aseado de los nuevos románticos, todo un viaje generacional que se va reflejando también en las canciones que van reponiendo.
viernes, 7 de mayo de 2010
Una parada para comer
Una para comer y otra comercial, habría que decir. La primera, en un restaurante donde ya tenemos reservada una gran mesa (las otras están casi totalmente ocupadas por gente del país) nos permite descubrir, una vez más, las delicias de la gastronomía turca. Sobre todo por los entrantes ("meze"), que han sido abundantes y muy variados: hígado de cordero, hojas de parra rellenas y otras muchas especialidades regionales, después, una sopa de lentejas y menta, ese fabuloso pan de pita recién horneado, pizza turca con queso de cabra y un kebab que se cocina sellado en una olla de barro, acompañado con bulgur y arroz, de postre el ineludible yogur con miel, que acompañamos, por primera vez, con un café turco que dejamos reposar el tiempo de rigor antes de tomarlo.La bebida y los cafés, que nunca están incluidos en lo que ya hemos pagado por el conjunto del viaje, se puede pagar en euros, moneda que admiten en prácticamente todos los comercios y suele salir mejor pagar así, siempre ejercitando la técnica del regateo, aunque nos cueste, el no hacerlo es también un desprecio hacia la forma de comerciar de esta gente.
La salida se ha complicado y creo que, con ella, el resto del día. A cuatro personas se les ha ocurrido la brillante idea de pasar del restaurante, porque no llevaban incluida pensión completa y buscarse un sitio de comer por su cuenta, se han desplazado varios kilómetros y no encontraban medio de transporte para volver. Salimos más de media hora tarde.
La parada comercial, en una joyería, supuestamente incluía una explicación y demostración de como se elabora la turquesa, pero al llegar tarde, rompemos la planificación de esta inmensa nave dedicada a la venta y fabricación de joyas, algo que incomoda a algunos, ya que ven solo ese afán mercantilista y nada más en este alto en el camino. Se está haciendo de noche ya (poco más de las cuatro y media de la tarde) y hace bastante frío, llueve un poco también.
Nos reciben con el famoso té de manzana. Los comerciantes siempre ofrecen un té cuando se entra a ver la tienda, algo que no obliga a nada por ninguna de las partes, pero que permite al vendedor exponer sus habilidades en su propio terreno (el interior de la tienda) por eso siempre insisten en que uno pase al interior.
Ni las joyas ni sus precios nos han parecido muy interesantes, no porque no lo sean, sino porque nunca nos ha llamado la atención gastar dinero en algo tan poco funcional. Por eso, una vez echado un vistazo a la magna exposición, salimos al exterior. Un empleado nos dice que ahí se está muy incómodo, que mejor vayamos a una zona cubierta del taller. Ahí descubrimos el lado de los trabajadores, la iluminación, el ambiente acondicionado, el lujo en la decoración, quedan sustituidos por el cemento, unos bancos de madera desvencijados y una estufa de leña que, por suerte, alguien ha podido realimentar en cuanto llegamos.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Descenso a Ihlara
Volvemos al autobús e iniciamos de nuevo la excursión por estas carreteras de la Anatoliaa rural. Nos detenemos en el aparcamiento próximo a la localidad de Ihlara, desde donde una larga escalinata conduce al fondo del encajado valle que lleva su nombre. Aunque por falta de tiempo ceñiremos nuestra visita a esta zona (solo disponemos de una hora), es recomendable hacer a pie el sendero que recorre todo el cañón, siguiendo el río en dirección norte hasta el monasterio de Selime.El valle luce ahora en todo su esplendor otoñal, con el arbolado de ribera reluciente en su gris plata de los troncos desnudos y con el río rebosante de agua de recientes lluvias. La lluvia fina nos acompañará en toda esta visita. El río Melindiz, casi un arroyo grande, discurre por el fondo de esta hendidura profunda y estrecha, encajonada por paredes verticales de roca.


En lo turístico, más allá de la belleza del paraje y de lo agradable que resulta recorrer ese sendero paralelo al río en tre las localidades de Ihlara y Selime, el cañón es conocido por albergar un importante conjunto de iglesias excavadas en la roca, construidas entre los siglos VI y XI. El grupo de las que se pueden visitar se encuentra concentrado al pie de este aparcamiento, a uno y otro lado del río, nos hemos empeñado en verlas todas, y lo hemos conseguido, pero el tiempo se nos ha hecho muy justo y el desplazamiento entre ellas fue al trote en el último tramo.
Las iglesias son de formas y tamaños muy distintos, pero casi siempre llama la atención lo reducido de estos templos de los primeros cristianos y la proximidad entre unos y otros, revelando algo muy distinto a lo que luego fue la Iglesia como centro de poder, es lo más oopuesto posible a la fuerza estructural del gótico, de hecho, es recomendable la visita provistos de una linterna, de lo contrario no se podrán apreciar los frecos que decoran muchas de ellas.
Algunas de estas pinturas están en muy mal estado, por el desprecio que hacia ellas mostró más tarde la nueva religión mayoritaria, el Islam, pero como comenta alguien, no es tan distinto a lo que se hizo con la Mezquita de Córdoba. En cualquier caso, es este un país que siempre ha sido frontera de culturas e ideas y, viendo estas iglesias, conviene no olvidar que por aquí también se inició el viaje del cristianismo hacia Europa.
Puede que la más espectacular de estas construcciones sea la denominada Iglesia de los Jacintos, cuya fachada está ornamentalmente labrada en la roca, formando arcos y columnas. Esta imitación de elementos arquitectónicos necesarios en los templos construidos a cielo abierto y totalmente inútiles cuando se tallan en un material que se sostiene por si mismo, es una constante en todo este tipo de construcciones, siempre dando forma a un espacio eliminando material.
Güzelyurt y el valle de Ihlara

Por el contrario, cuando nuestra guía le pide al muchacho un rosario para explicar su uso, éste le dice que solo tiene uno de esos reducidos que aquí usan los hombre para liberarse del estrés, a lo que ella responde: "claro, ya sabéis que en Turquía las mujeres trabajan y los hombres tienen estrés".
Lo curioso de la mezquita está en como una iglesia cristiana puede ser reutilizada para funcionar como templo musulmán, al fin y al cabo, basta orientarse hacia la Meca en vez de Jerusalen, sustituir bancos por alfombras, tapar los frescos de santos con pintura blanca y caligrafiar los cuatro nombres sagrados del Islam, se pone a la entrada una fuente y un minarete... Y ahí está, un claro ejemplo del reciclaje espiritual, esa filosofía de la reutilización que ahora nos parece tan moderna.
Echamos en falta que no nos dé tiempo para subir al centro de la población andando, pero aprovechamos a tope el que nos dejan libre para recorrer la parte antigua que rodea la mezquita, otra pequeña colina con construcciones de épocas muy diferentes y de estilos muy variados, que incluye una iglesia excavada en la roca, desde la cima, estupenda vista con Güzelyurt al frente y el valle al otro lado.

