miércoles, 16 de junio de 2010

Un paseo por el valle

Una de las ventajas de estas excursiones organizadas es que dejan tras cada visita un tiempo libre, evidentemente para hacer gasto en las tiendas de recuerdos, equivalente casi al invertido en el recorrido guiado por la respectiva atracción turística.
Esto nos ha permitido un pequeño paseo por el valle de Göreme y descubrir su potencial para rutas de senderismo, sobre todo en un día frío de Enero como lo era este en que allí estuvimos. Además, ese tiempo nos regaló un evidente cambio en el horizonte gris que nos acompañaba, salió el sol y las agujas erosionadas del paisaje montañoso que nos rodea lucieron con sus mejores brillos.



En efecto, todo está lleno de otras muchas iglesias horadadas en la roca, algunas tapiadas o reutilizadas como palomares o alguna otra finalidad agraria al servicio de los cultivos vecinos. En otras, sin embargo, se puede entrar sin más problemas que su relativa inaccesibilidad, siempre como protegidas o escondidas, elevadas respecto al terreno.
Se dice que muchas de estas construcciones quizá no lleguen a descubrirse nunca, pues la erosión acabará con ellas antes de que lleguen a encontrarse. Es este un país inmensamente grande y con gran cantidad de curiosidades a descubrir.



Es difícil imaginarse el carácter que debió haber tenido esta geología habitada por el culto de una religión que conservaba la pureza de sus inicios, el secreto de lo prohibido, las claves de lo iniciático, la personalidad de la interpretación de las enseñanzas del Maestro por sus primeros discípulos, amparada por el paisaje de lo inhabitado, de la inmensidad de una tierra de nómadas, en un lugar mágico que debía invitar a esta especie de reclusión interior que aquí se percibe por todas partes.


No hay comentarios:

Publicar un comentario