viernes, 22 de mayo de 2009
Camino de Bressanone
Austria por carreteras secundarias
jueves, 21 de mayo de 2009
El Parque de las Estatuas. (Memento Park)


Así que voy a evitar la imagen del gigante soldado soviético con esos ojos tallados con un inmenso punto en medio del iris que le proporciona una mirada terrorífica, rostro con el que imagino asociarían aquí los niños al hombre del saco. De la típica imagen de Lenin en la tribuna de orador, con la mano extendida hacia las masas, se cuenta que, durante una protesta de un grupo de trabajadores, apareció con un bocata en la misma, como tratando de decir que, menos predicar y más dar trigo (o pan en forma de bocata) cosa que causó un tremendo revuelo y la busqueda despiadada del gracioso que se había atrevido a tal ultraje.
Como curiosidad señalaré también que hay un grupo escultórico bastante penoso, en su conjunto, dedicado a las Brigadas Internacionales que combatieron en nuestra Guerra Civil, con los nombres de las principales batallas grabados en un bloque de granito. También resulta curiosa la tienda de recuerdos del museo, tanto con material histórico como con nuevos productos alusivos a ese tiempo, casi siempre más con un aire de burla que nostálgico.
El recorrido de vuelta en el autobús coincide con el regreso del fin de semana y se hace bastante más prolongado que el de ida, con constantes bocinazos para que desocupen el carril reservado al transporte público, tras varios intentos de retirar dinero en los cajeros de la Avenida Andrássy, algunos infructuosos por "fuera de servicio", caminamos a lo largo del río por última vez, hasta la estación. Hemos tenido que utilizar muy pocos billetes porque casi nunca había revisores pidiéndolos, quizá queden para otro viaje un año cualquiera.
Buda, la colina y la ciudad baja
Del funicular se sale justo en la zona de acceso al Palacio Real (Várpalota) construcción monumental que sobresale y domina la silueta de la ciudad desde el río. Es fin de semana y nos ha coincidido una feria de muestras y artesanía dentro de la explanada del palacio, por todo el exterior se ha instalado también un montón de puestos de venta de todo tipo de objetos y productos, la entrada al palacio supone el acceso a la feria, como no podemos dedicarnos a ambas cosas, nos encaminamos hacia el barrio de la Fortaleza, una diminuta ciudad medieval que supone un contrapunto respecto a la majestuosa Avenida Andrássy y su geométrico desarrollo residencial. Tárnok utca, con sus casitas coloreadas, nos lleva hasta la aguja gótica reconstruida del Matyás templon, la iglesia principal que se abre a la plaza con la columna de la Trinidad. Todo tiene una aire tranquilo, pausado y pintoresco, no sé si porque los turistas se han apelotonado junto al Palacio Real o por alguna razón más profunda, hasta un viejo Trabant aparcado nos da la bienvenida al poco de iniciar el paseo.

No solo la restricción del tránsito rodado invita a recorrer esta parte de la ciudad de forma pausada, la irregularidad de su traza proporciona siempre curiosos rincones, las calles estrechas ofrecen la sombra que, a veces, hace incómodo el deambular veraniego por amplias avenidas, visitamos todo con calma, asomándonos a algunos portalones abiertos que dejan ver el patio interior de los edificios barrocos de vivienda de este barrio.
De regreso, tras el viaje de vuelta en el funicular, recorremos la zona de la ciudad baja que se extiende entre el Puente de las Cadenas y el que se encuentra inmediatamente al Sur (Erzsébet híd) para ascender, en una larga caminata plagada de escalones, hasta la Ciudadela, otro de los hitos elevados de este lado de la ciudad, frente a la que asoma, omnipresente, el Monumento a la Liberación, sobre un pedestal de casi treinta metros de altura, una figura femenina, en bronce se asoma al borde de la colina y se hace visible desde casi cualquier punto del cauce del río . La construcción militar amurallada construida por los austríacos a mediados del XIX, sirvió también como último baluarte de resistencia a los soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Pero lo realmente impresionante son las vistas que, desde el ascenso por el parque que rodea la propia ciudadela, se tienen del conjunto de la ciudad de Pest.
El descenso nos lleva justo hasta el famoso Hotel Géllert, espléndido edificio modernista con un maravilloso balneario al que no se puede acceder por encontrarse en obras todo el inmueble, del que se adivina el lujo aún tras los andamios. Muy cerca están otros dos balnearios, que por su estado podríamos pensar abandonados, pero simplemente se trata de ese estado decadente en que se encuentran algunas construcciones por falta de presupuesto, los coches aparcados ante la entrada y el flujo de usuarios nos demuestran que funcionan, y a pleno rendimiento.
Entramos a comer en un restaurante que, desde este lado sombrío de la calle no tiene un acceso muy favorecido, a desnivel tras la modificación de la rasante de la calzada, pero tras un pasaje interior por esta antigua construcción, desembocamos en un estupendo patio interior sobre el que se alzan un par de enormes árboles, habilitado como terraza del propio local, la comida no ha desmerecido del propio marco de este emplazamiento privilegiado. Al salir descubrimos que se trata de un local con dos caras, el frente a la otra calle tiene una terraza exterior soleada y atestada de clientes (la antítesis de donde acabamos de estar sentados).
miércoles, 8 de abril de 2009
Una visita a Budapest
Cruzamos el río por el famoso "Puente de las Cadenas", el primero estable que unió las dos partes de la ciudad separadas por el río (Buda y Pest) y llamado así por ser un curioso sistema de puente colgante sostenido por una serie de eslabones metálicos que se enlazan entre si, es una singular obra de ingeniería de Adam Clark, un inglés que también ejecutó el túnel bajo los montes de Buda que daba salida a la principal arteria de comunicación de la ciudad. Ahora el puente ha sido peatonalizado y constituye una interesante aproximación a la ciudad, siempre animado por los puestos ambulantes de comida, artesanía y recuerdos. Al otro lado del puente, en la Roosvelt Tér, se entra de lleno en la grandeza del Budapest decimonónico, ese que siempre nos recordará a París por sus grandes avenidas y la uniforme escala de sus edificios, en los que la variación y el colorido de los revestimientos moldurados aporta una vivacidad casi vienesa. Como siempre, el deterioro convive con lo ya renovado, en un proceso de recuperación que se adivina largo por la ingente cantidad de construcciones históricas que conforman el conjunto de la ciudad.
De la plaza Vörösmarty Tér pasamos a la calle Váci utca, zona peatonal en la que se concentra la vida comercial de la ciudad, ahora sede de todas esas multinacionales de la moda que podemos encontrar en cualquier capital europea, seguimos paseando por las calles de los alrededores, cada una con su atractivo y no me detendré demasiado describiendo todos los edificios monumentales, destacaré, en particular, el eje renovado de Zrinyi utca, entre Roosvelt Tér y la basílica de Szent István, ahora también peatonalizado y muy agradable, siempre con el templo como fondo de perspectiva, alguna calle adyacente está en obras, poco a poco, la ciudad se renueva y recupera sus inmuebles históricos. En este sentido, Deák Tér, inmensa plaza que sigue siendo un punto de confluencia de las numerosas líneas de autobuses que comunican con el centro urbano, fue también modernizada tiempo atrás, lástima que el deterioro haya hecho tanta mella, de nuevo parece que cuando algo se rompe alguien pone una etiqueta de "fuera de servicio" y punto. Barandillas de vidrio de seguridad craqueladas por los golpes parecen casi objetos artísticos o cuadros transparentes con dibujos fragmentados, las tarimas de madera se retuercen y se alzan del pavimento, las losas de travertino se hunden,... un pequeño desastre en el que la basura completa esos rincones que escapan a la escoba, o quizá al ámbito del funcionario de limpieza. Pero no quiero desanimar, el país, de momento es así, lo que no quiere decir que no sea hermoso.

Basta para demostrarlo un recorrido por la avenida Andrássy, auténticos Campos Elíseos húngaros y eje radial de un ensanche sorprendentemente uniforme en la calidad de sus edificaciones, el paseo arbolado, de más de 30 m. de ancho, se extiende a lo largo de casi 2,5 km. antes de rematar abrazado por la columnata de la plaza de los Héroes y sirviendo de entrada al parque Városliget. El conjunto de edificaciones decimonónicas, declarado Patrimonio de la Humanidad, se extiende hasta donde la vista abarca, a ambos lados de esta que ahora llaman Avenida Cultural, por encontrarse en su recorrido los principales museos y monumentos. A medida que se avanza hacia el parque, las casas de pisos dejan lugar a las villas o palacetes, cuyos jardines se funden con el arbolado de la propia calle. En una de las embocaduras laterales descubrimos la embajada española y, muy cerca, al otro lado, el instituto Cervantes, curiosamente, la escena patria, acaba con un cartel que anuncia un recital de Plácido Domingo.
martes, 7 de abril de 2009
De Mezökövesd a Budapest
sábado, 4 de abril de 2009
Hortobágy y Tokaj
Garzas, cigüeñas, o caballos a lo lejos, nos acompañan durante todo el trayecto, la carretera nacional nos lleva hasta el pueblo que constituye la estación de entrada al parque nacional, donde está un famoso puente que acoge en sus proximidades la feria anual de ganado (el 20 de agosto, y hoy es 14, por eso están preparando ya algunas cosas para ese día).
Las afueras del pueblo son, de nuevo, una especie de parque temático, donde un par de locales hacen también su agosto cobrando por aparcar en su recinto, tenemos suerte porque el cobrador no sabe muy bien en que idioma dirigirse a nosotros y prefiere abordar a unos nativos que llegan al mismo tiempo, nos hacemos un poco el loco y damos un paseo por el lugar, con múltiples puestos de venta de recuerdos y gran afluencia de gente. Nos llaman la atención esas calderetas, muy similares a las que usan los pastores en otras regiones, para hacer la comida al aire libre, unos enormes calderos metálicos que se cuelgan de una cadena, no olvidemos que estos jinetes eran nómadas. Esta forma de cocinar está muy popularizada en todo el país, y ya comproba remos que nuestro churrasco o parrillada en medio del monte, es aquí un gulash u otro guiso cocinado en una hoguera con uno de estos grandes cacharros.
No nos ha llamado mucho la atención ninguna de las atracciones turísticas basadas en la tradición campesina que tienen aquí montadas, incluido el museo de los pastores, la señalización y el intenso calor tampoco han ayudado mucho, nos adentramos en el pueblo propiamente dicho, que tiene el interés de lo real, con esas casas que configuran calles perfectamente ordenadas y en las que se conservan todas esas características que han encerrado en el museo, hay incluso construcciones que podríamos reconocer como propias para conservar el grano, olor a ganado y hermosos huertos.
Se acerca la hora de comer, junto a la carretera está la Nagycsárda (csárda significa casa de comidas), un establecimiento fundado en el siglo XVIII, con una preciosa terraza y un pianista preparado para amenizar el almuerzo a los comensales, nos hemos inclinado, sin embargo, por el local al que vemos entrar a la mayor parte de los visitantes locales, con esas grandes mesas comunes en el exterior, el comedor interior es muy agradable y apenas hay nadie en él. Los platos que hemos probado tienen un sabor más auténtico, he repetido la sopa de cerezas, por lo del calor, y ha sido una experiencia sublime, con frutos del bosque recién cogidos, nada de macedonia de bote junto a las cerezas, como había pasado en el último lugar en que la había probado. Entendernos nos ha costado un poco más, pero tampoco mucho.
Después de comer y de la sobremesa, salimos hacia Tokaj, capital de la región vinícola más conocida de Hungría, ya dentro de la misma, viajaremos entre colinas cubiertas de vid cuando se orientan a mediodía, a cuyos pies se van sucediendo las entradas a bodegas que se extienden bajo tierra. El vino de Tokaj se caracteriza por su vendimia tardía, en la que se separan las uvas que han comenzado a ser pasas, con una gran cantidad de azúcar y, después de pisada la uva normal, se añade una cantidad de esas otras, que forman el alma del vino. El alma del vino se mezcla en distintas proporciones con el contenido de un barril tipo, de capacidad invariablemente determinada, de forma que, según la medida del alma que se añada, los vinos tendrán desde dos a cinco puttony (esta palabra que suena como a otra cosa, es la proporción de ese contenido que se ha añadido al vino elaborado). El recorrido al margen de los itinerarios principales nos lleva por pequeños pueblos, grandes industrias, enormes granjas y una zona de descanso con lago en la que descubrimos esas cocinas de pic-nic improvisadas con una llanta de coche para colocar las brasas y una cadena suspendida para colgar el caldero sobre el fogón, la variante de nuestras parrilladas de domingo. La pantalla del navegador nos lleva hacia el río, pero al fondo no hay puente. Otra sorpresa, vamos a cruzar en un rudimentario transbordador, guiado también por una cadena, una emocionante travesía con la que no contábamos.
El pueblo de Tokaj, con poco más de 5.000 habitantes, tiene un casco antiguo bastante visitado por el turismo local, con la calle principal prácticamente peatonalizada y una sucesión de bares y bodegas. No tiene nada que ver, sin embargo, con lo que uno esperaría encontrarse en una población que vive del comercio del vino, las tiendas no exponen mucho al exterior y es necesario entrar a ver. La escala de la calle, con muchos edificios barrocos, es realmente la de un pequeño pueblo, con viviendas bajas, el exterior, como de costumbre, es un conjunto de equipamientos y bloques comunitarios rodeados de una generosa porción de verde.Sigue haciendo bastante calor y, aunque teníamos pensado visitar el Pincemúzeum, una bodega subterránea con más de un kilómetro de pasajes laberínticos bajo tierra, que según nuestra guía de viajes cerraba a las 17 pm. volvemos a llegar muy justos. En la oficina de turismo nos dicen que, en realidad, cierra a las 16 pm. en pleno agosto, así que desistimos correr para llegar justo cuando ya vayan a darnos con la puerta en las narices.
Compramos algo de vino en una tienda donde se sudaba tras el vidrio del escaparate, el chico que nos atiende se alivia con un ventilador que tiene sobre el mostrador. Volvemos a coger carretera y hacemos una pequeña excursión por la región del vino, colinas interminables repletas de viñas y pueblecitos donde ya no llega el turismo a los que se entra, casi invariablemente, flanqueado por las construcciones alineadas que dan acceso a las bodegas enterradas. Hacemos una pequeña parada en Mad y Abaújszante, regresamos al cámping, aprovisionándonos en un centro comercial "Tesco", llegamos algo más tarde de las 19 pm. y a las 20.30 ya es totalmente de noche.